Me pediste que lo expusiera todo, me pediste tantas cosas. Y te lo dí. Aunque infortunadamente, no siempre lo que pedimos es lo que esperamos recibir. La primera grieta por donde el Yo comenzó a filtrarse. Nació, en aquellos días, la sofisticación más pura, de embrollosos caminos de bosques…
Aquellos días
Los árboles danzando,
el nombre de esta escritura.
Rara mezcla, agridulce,
de infierno, frio, apagado.
De un silencio por demás ruidoso.
Luz, corriendo por detrás,
la más clara oscuridad y
miles de pruebas delatoras...
La más vacía belleza
de calores congelantes.
Las marcas musicales del techo
giran sin pausa, imprescindibles.
Conceptos que mutan con el aire,
de lluvia esperada, aburrida.
De un color vivo. De otro muerto.
Llenando un vacio vecino del alma...
Sonidos efímeros buscando recuerdos.
Una imagen vista por la ventana…
No más nombres ni etiquetas.
Libres cadenas ya se escapan.
Un ave yace en el suelo, sin moción.
Irónica agua, ladrona de azúcar.
Espectros perdidos en su propio castillo,
juntan los restos de aquella porcelana,
por la avenida de destinos, en busca de grúas.
Principio y fin de libertades, en espiral se pierden.
Estima sangrante y rígida.
Estigmas izquierdas saqueadas
del pozo de los corajes y juegos.
Palabras echadas al ventilador
Que anginan el brindis y el pastel con velitas.
Quien maneja el embrague? Y quien el volante?
Que sin combustible solo se anda en bajada.
Juntando hojas secas,
Queriendo quedarse a volver…
Un reloj sin segundero. No anda.
Rutina escasa de sí misma.
Un libro en blanco, se equivoca…
Y un espejo sin fondo, se queda ciego…
Y que si un perro te traiciona,
es caballo de Troya.