Parece llena de vida, con soltura. Pero el denominación griega, Neurospasta, nos describe un objeto puesto en movimiento a través de cuerdecitas, expresando la naturaleza de las cosas, representando, haciendo de cuenta que…
Cuando un clérigo en las representaciones religiosas hacia de virgen, impostaba su voz haciéndola parecer femenina. Hablaban siempre con una voz aguda, chillona y falsa; salvo los personajes malvados, con voz grave pero de igual falsedad.
¿Pero que ocurre cuando el maestro titiritero es invisible por completo? ¿Qué pasa cuando esa evidenciada teatralidad se desvanece por completo y parece mezclarse con la realidad?
Algunas figuras de nuestras vidas parecen autónomas, pero que atreves de imperceptibles hilos, son obedientes a algo más, algo que está allí pero no vemos… o no queremos ver.
La marioneta de las letras
Ojos vacuos, sin expresión,
Viviendo siempre la primera impresión,
Mostrando todo lo que no es,
Vacilación y dolor, todo lo que no ves…
De sus lazos solo cuelgan mentiras,
Elocuentes palabras, pero vacías,
Disfrazándose de profundas,
Ninguna es noble, no te confundas.
Alguien, a ella, sugirió una vez:
“No es como suena, sino lo que es...
No existes más que en tu propio teatro,
Quien jala tus hilos, es tu honesto retrato”.
Ante ojos ajenos, ella siempre actuaba,
Pero en desoladas noches, silente, lloraba,
Taciturnos miedos en sus giros, frustrada,
Quedando en su propio cordel enredada.
Lúgubre titiritero, de aciagos pensamientos,
Que en tu interior apilas odio y resentimientos;
Libera esa marioneta de fraudes construida,
Que se corten sus cuerdas y que se ate a la vida.



